VII
El viernes, después de
clases tuve mi primera práctica de quidditch. Debo decir que di lo mejor
para impresionar a Harry, y no era para menos, pues me contó que
decirle a Jimmy Peakes que debía dejar el equipo no fue fácil, parecía
que el chico iba a tirarle una bludger en cualquier momento.
Para cuando la práctica
hubo terminado, ya era de noche, la mayoría del equipo había dejado el
estadio, a excepción de Harry, Ginny y yo. Aunque claro, no sabían que
yo aún me encontraba ahí.
Ellos estaban en los
vestidores, mientras esperaba afuera, escondida en la oscuridad, el
momento en que la menor de los Weasley salga.
Vi una sombra moverse
fuera del lugar, noté que era la pelirroja, esperé a que se alejara un
poco más y entre por donde ella había salido... Y ¡Por las barbas
blancas de Dumbledore! Ahí estaba mi amigo, mostrándome su muy bien
trabajada espalda.
Me quedé admirándolo por unos segundos y luego hice mi movida.
Me acerqué lento, sin hacer ruido, pegué mi cuerpo al de él y acaricié sus hombros.
-Linda espalda, Potter - susurré detrás de su oído, él se estremeció y volteó bruscamente, alejándose de mi -
-_______, ¡Demonios! ¿Qu-qué haces aquí? - preguntó más sonrojado de lo que lo había dejado el entrenamiento -
-Disfrutando la vista - le dije con una sonrisa -
Me miró en silencio por un segundo o dos.
-Pues... De-deberías dejar de hacer eso - refutó algo agitado -
-¿Hacer qué, Harry? -
volví a acercarme a él contorneando las caderas, se quedó viéndome por
un momento y luego reaccionó, su rostro se tornó de sorprendido a serio -
¿Dejar de verte?
-No, de hacer lo que has estado haciendo los últimos días
-¿De qué hablas? - me hice la desentendida -
-No sé, estás... estás actuando raro
-¿Raro? Claro que no - le sonreí inocente -
Él iba retrocediendo y yo acercándome, como un león acechando a su presa, hasta que quedó atrapado entre la pared y mi cuerpo.
-Sí, t-te noto distinta
-¿En serio? Yo me siento
igual que siempre, Harry, incluso podría decir que - acerqué mis labios
a su cuello y le di un corto beso, él soltó un suspiro y yo sonreí -
estoy mejor que nunca - le di otro beso, más profundo y él tragó, tenso -
-Pe-pero...
-Nada, alucinaciones tuyas, Potter - susurré contra su cuello -
A pesar de que haya entrenado por horas, seguía oliendo tan bien como siempre, tan varonil y embriagador.
Me fue difícil levantar
el rostro, pero lo hice, y me acerqué a sus labios, dándole un beso
cerca de ellos, él volvió a tragar, me encantaba ponerlo nervioso.
-Adiós, Harry.
Y salí del lugar,
sintiendo su mirada en el vaivén de mis caderas, sonriendo tanto física,
como internamente, llegué a la sala común, tomé una ducha, pensando en
el azabache, y preguntándome si él estaría haciendo lo mismo.
Ay, mi lindo y sensual amigo, Harry Potter, pronto caerás y pedirás por más.

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